30 AFORISMOS Y UN MICROENSAYO
DE  EL EQUILIBRISTA

© Acantilado, Barcelona, 2005

SYNOPSIS

“Ideas, too, can enamour.” An adventure of aphorisms and reflection, The Tightrope Walker is Andrés Neuman’s first collection of essays. Rigorously structured, this book invites us to a dazzling journey through everyday life and customs (I), aesthetics and art (II) and literature and writing (III). En each of the aphorisms the reader will come across a discharge of light, an idea concentrated to the limit. Faithful to the title’s metaphor, reflection is a tightrope walker moving between extremes that demand its attention and to which it must advance while avoiding the abyss. A closing series of miniessays examines the nature of literary language, the different types of reader, the situation of the novel and controversies concerning realism, Spanish poetry and contemporary aesthetics. Aware that “style is an autobiography,” the written word in The Tightrope Walker drinks unhesitatingly from different literary genres in its pursuit of precision. Energetic and rebellious, its vitality becomes charged with vertigo.

 

Libro I

 

Somos testigos de lo que no vemos.

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Al paciente le queda cada vez más tiempo.

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Mirar es una antología.

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Cada vez que nace un héroe, muere un ciudadano.

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Permanecer indiferente es comprometedor.

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La maldad no se elige: la llevamos dentro. Por eso oponerse a ella constituye un refinado acto de libertad.

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Los valientes son cobardes furiosos.

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La razón, ciertamente, naufraga. Pero sabe nadar.

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También nos enamoran las ideas.

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Amar es una obra de arte.

 

 

Libro II

 

Darle sentido a lo inevitable: esa es la diferencia entre la depresión y el arte.

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La imaginación completa la verdad.

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La forma es un ser vivo.

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El sentido no precede a la obra: es su conquista.

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Desprotegida y grande: la sencillez.

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Las ideas son los frutos exquisitos de las crisis.

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Los opuestos no son contrarios.

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No hay arte sin piedad.

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En el arte, al final, nada queda librado al azar. Y eso el azar lo sabe.

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El lector no tiene la culpa.

 

 

Libro III

 

La palabra poética es y dice al mismo tiempo.

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Hay más literatura en la vida de cualquier lector que en las lecturas de cualquier vida.

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Corregir es el aprendizaje más terrible: ¿cómo es posible que, para escribir apenas un poco mejor, tengamos que entender que escribimos tan mal?

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Un texto no parte de un punto de vista: lo alcanza poco a poco.

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Sinceridad: elegir el personaje adecuado.

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La relación de un autor con sus personajes es moralmente la misma que mantiene con su prójimo.

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El cuento es un dardo. La novela, un radar.

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Leer como si, dentro de un minuto, nos fueran a apagar la luz.

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Todo resumen es una exageración.

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Escribir nos merece la alegría.

 

 

Diario de un aforista

 

REVOLUCIÓN DEL TIEMPO

Uno de los poderes prodigiosos que tiene la escritura es la posibilidad de reconstruir el pasado: no solamente volver atrás para representarlo, sino también para transformarlo. Recordar escribiendo es un acto de utopía retrospectiva. La representación literaria de la memoria sucede en un espacio de libertad, en un cruce de planos temporales donde el testigo tiene capacidad de decisión. Por eso en literatura la nostalgia tiene trampa: muchas veces el autor rescata aquello que no pudo vivir. Ir en busca del tiempo perdido no significa simplemente regresar, sino elegir de nuevo los senderos. Conquistar otra memoria. Adelantarse al pasado. En cuanto al tiempo futuro (y aunque ningún escritor sea un profeta), el valor profético de la escritura misma me parece indudable. En este sentido, toda literatura pertenece a la ciencia ficción. O quizá la ciencia ficción haya querido centrarse en una de las funciones básicas de la escritura: recordarnos el futuro. Evocar unos tiempos que quién sabe si vendrán.